2013nov-2015oct

Casi dos años. Estuvieron llenos de pinchazos y de aprender vocabulario nuevo. De saber el ritmo de crecimiento de los folículos, si eran muchos o demasiados. Las señales de interrupción de tratamiento y volver a esperar.

Del primer intento salieron 9 óvulos de los que sólo fecundaron dos. Sin embargo, sólo uno pudo ser congelado porque la medicación impedía que me lo pusieran “fresco”.

Siguiente capítulo de formar un endometrio sano y saludable. “Hay que formar la cuna del bebé” es algo que puedes llegar a odiar sin haberlo pensado siquiera.

El 24 de abril estaba perfecto para que me lo pusieran, pero quiso el destino que 12 días después la beta fuera negativa.

Fue una tarde de mucho llorar, y días de mucho llorar, hasta que los nuevos pinchazos me llevaron a intentar intentarlo. Mi cuerpo no podía fallar.

La segunda vez fue más rápido. A la primera salieron unos folículos hermosos y pasamos por quirófano. Cuatro de los que fecundaron tres. Tres de lo que sólo siguieron dos.

En octubre, con la cabeza hecha un lío y sin saber si era la mejor opción, nos pusimos los dos. Mellizos, porque aunque ya te has pegado palos de todos los colores, lo piensas: mellizos! (o al menos que uno se quede).

Doce días después beta negativa.

Y hasta hoy ha pasado un año largo. He pasado por las fechas posibles de parto, ahora incluso se medio acerca el primer cumpleaños, que cumplirá en otra dimensión.

Y estoy mal, intento ser asertiva pero me pregunto tanto por qué tanta gente tiene hijos para tratarlos como si fueran basura?

Por qué hay tanto inútil? y los que no lo son, que tienen ellos que no tuvimos nosotros?

Aquí acaban los dos post de “terapia”. Con suerte dentro de unos meses queden tan abajo que no me acuerde de ellos porque lo llevaré mejor. Esa es la esperanza cada año.

Anuncios