Cicatrices

Tengo una grande, no sé si de 21 puntos (me los autoconté de aquella manera). Atraviesa el pecho y lleva conmigo casi 38 años: Me dice en el espejo que sigo viva.

Pero durante muchos años me daba complejo (sin ser fea), quería evitar las preguntas incómodas del tipo “¿cómo te la has hecho?” de los niños a los “¿qué te pasó?” de los adultos.

Sin embargo, fue una amiga la que me dio la clave de cambiar el enfoque. Era la prueba de que estaba viva: podía no tener cicatriz, podría no estar allí.

Y ya de esto también han pasado unos años-

De la misma operación también tengo de recuerdo una cicatriz en la muñeca, en la ingle y en el tobillo.

En la cara tengo salteados 5-7 puntos, recuerdo de otro incidente.

Y como siempre he sido muy torpe con los tobillos, cada dos x tres me caía y no es que tenga las mejores rodillas del mundo. No son cicatrices pero feas sí, un rato.

Resumiendo, las cicatrices tienen que servir para recordarte que superaste una parte de tu vida. Con éxito.

Estarás menos guapo pero vivo. Así las del alma.

Así todas.

Otro día hablamos del arte de dejar cicatrizar.

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Frase inspiradora favorita

Ya estamos como siempre: son muchas, para cada día de la semana, de la estación, si llevo vaqueros o falda. En serio.

Pero al final si me quedo con una (o para empezar) es “un poco más”.

Hay que dar un poco más ( o saber por qué no quieres esforzarte ahí para parar y cambiar de rumbo).

El “un poco más” sirve cuando no se pasan buenos momentos, cuando las cosas no salen ni a la tercera, cuando parece que sólo vienen ostias por todas partes.

Porque si nos metemos en el mundo de la influencia del NO, no abandonar significaría abandonar, puesto que (dicen) que el cerebro no entiende el no (quien tenga niños lo sabrá).

Para llegar a tiempos mejores y disfrutar de los buenos, sólo es poner ese poquito más.

ahm, y si no te quieres tú nadie te va a querer, quiérete mucho! aunque con esta frase todavía estoy en periodo de adaptación =)

 

Aprender de los fracasos

Mucha gente se llena la boca con frases tipo “si te caes 7 veces, levántate 8”, “de los fracasos se aprenden”, “no hay mal que por bien no venga”, y es que reducen todo a una experiencia y por ello se debe buscar un lado instructivo, nos está enseñando algo.

Bien, esto se aprende. Si no tienes el don natural o genético (palabra que está tan de moda) de darle la vuelta a la tortilla y aprender de los fracasos (mínimo no hacerlo igual la próxima vez), debes practicarlo, como si fuera una rutina de gimnasio o la tabla del 5.

5 por 1, 5; 5 por 2, 10, etc

Te la sabes y antes no te la sabías.

Pues aprender de los fracasos también se estudia, se practica hasta que un día sale solo.  Como andar en bici.

Pondré un ejemplo. Mis primeras magdalenas subieron y parecían apetitosas. Cuando le metí un bocado sabían a harina y la mayoría estaban crudas.

Las tuve que tirar (aunque por cabezonería me comí dos que me dieron indisgestión). Y lloré.

La siguiente bandeja ni subieron. Entonces llegué a la conclusión que era una inútil y dejé de hacerlas.

Me pasé a los bizcochos, que me salían un poco mejor (apelmazados, todo hay que decirlo). Pero hacía y hacía. Hasta me regalaron un curso y algo mejoraron.

Realmente no me dieron un secreto infalible ni me vendieron una levadura mágica, sino que me enseñaron a estudiar mi horno y ver qué tiempos y temperatura  necesitaba. Y practicar.

Los bizcochos que hago ahora, dentro del estatus de normalitos, son espectaculares. Hasta me he atrevido (poco) con galletas y he vuelto a hacer magdalenas.

Por tanto, ya sea en casa o en la escuela nos deben enseñar que el fracaso existe, que las cosas no siempre salen bien. Que cuando salen mal no es más que tener otra oportunidad para hacerlo mejor. Y confiar que saldrá mejor.

Pensar que nunca nos podemos equivocar es de soberbios (y de inútiles). Porque en los errores se aprende, se ocurren cosas nuevas, variaciones, surge la chispa.

Mi frase favorita es “si te caes 7 veces, levántate 8”. Y en ese esfuerzo al levantarte, te conviertes en un gigante.