Ya tengo 40

y me siento igual,

no sé si esperaba el nirvana; lo que no quería era estar con faringitis, laringitis o gargantitis otra vez… qué cruz,

fui a una masterclass con la nueva Leica SL, no la toqué (por tonta, me diría más tarde) pero ser veía maravillosa (creo que ronda los 16 mil),

me pedí dos días de vacaciones, y cómo fue todo? con fiebre bajo la mantita, en casa, guayu! fiesta! ni pastel ni sexo ni ná, no había cuerpo para nada…

pero ya he recuperado fuerzas para todo, para el pastel y todo lo demás,

planeando ya los cursos del año que viene

mis tres prioridades se llaman:

-robin hood

-dartacán

-la fotografía

y pensar en eso me saca una sonrisa =) y mola

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Calendario

Es curioso como a veces, sólo a veces, hacemos el cambio. Ese CAMBIO con mayúsculas.

La mayoría de las veces, después del subidón por algo (amor, desgracia, despido, tenencia de un hijo, lo que a cada uno le haya pasado), la rutina va machacando, gota a gota, y sin darnos cuenta volvemos al momento previo, cerramos el círculo y “aquí no ha pasado nada.

A mí estos subidones me dan cada 15 días, y no es por ciclotimia o trastorno bipolar, es cuando voy a la biblioteca.

Primero ínfulas de que me leeré los 5 libros que llevo cargando y que (ajá) sacaré en préstamo. Paseos arriba y abajo buscando qué más hay, qué me tienta, como si fueran pequeños demonios diciéndome “llévame”.

Luego en casa reconozco que la rutina me vuelve perezosa y no lo leo todo ( y retorno los libros sin abrir), pero hay el que termino. Siguiente subidón.

Ya soy mucho más sabia, con una gran necesidad de compartir el conocimiento. ¿Cómo es posible que podáis seguir viviendo sin esas perlas de sabiduría? ya sea en forma de novela, ensayo o libro tipo DIY. Yo os la cuento (para tormento de mis conocidos).

El último que me leí fue Historia de la psiquiatría. Muy ameno (que no divertido), aprendí un montón (y hasta me imaginé de siquiatra). Ahora he empezado uno de Ciencia forense, y no hagamos más comentarios (lo que no sabe el libro es que me he tragado todas las temporadas de CSI varias veces).

Pero cuando los efectos se diluyen, como el vapor de una ducha en invierno, todo vuelve a la normalidad y soy la misma personita con mil personajes y aventuras por vivir dentro de la cabeza, pero con una vida exterior algo monótona y tirando a gris marengo (puestos a elegir gris).

 

no encuentro la inspiración

ni para salir a correr, ni para hacer tiramisú ni unas tristes magdalenas,

el cuerpo se arrastra hasta el sofá y deja que el pensamiento divague, entre peli romántica y capítulo de csi (o maratón de ellos, la verdad),

me cuesta pensar,

quizás me falte azúcar en la sangre, como ahora mi cuerpo lo rechaza (las cosas dulces me saben muy dulces, cuándo se ha visto eso?) pues estoy que no vivo en mí,

la semana se me ha hecho larga (y sin tener niños, diréis, pero tengo unos compañeros creciditos que ya … ya) y quién me iba a decir a mí que me alegraría con que llegara el fin de semana para pillar la cama.. para dormir!

si es que no se hizo la miel para la boca del asno ( que tampoco es que me guste a mí, puaj, dulce); entre una cosa y otra pasan los días y las semanas, y si hace poco me quejaba de cumplir 38, resulta que sin darme cuenta estamos rozando los 40,

la reflexión sobre tamaño número la haré más adelante

cambiamos de digito, cambiamos de década, nos hacemos más viejo, se ve más de cerca a la señora de la guadaña, etc. Pero lo que realmente me da miedo es que, igual que se han pasado estos últimos dos años como sin darnos cuenta, y quien dice dos, dice 20,

me da miedo que una mañana despierte con 80 (ojalá, también lo digo) sin tiempo ni fuerzas ni ganas de nada,

no voy a saltar en paracaidas, ya lo paso mal en según qué ascensores, pero la vida pasa amiguitos, y por mucho que lo diga, no hago que aminore le ritmo