Viajar hacia…

Hacia la aventura.

Hacia lo desconocido, encontrar algún tesoro (con pala e isla desierta). Con Barbanegra y luego con Indiana Jones, con los tres mosqueteros y Paolo Coelho.

Leer me ha servido para viajar. Es el típico tópico, pero te lleva a tantos mundos, realidades iguales o peores a la tuya. Otras que son de cuento.

Todas se acaban cuando cierras el libro y vuelve cuando lo retomas, o relees.

Creo que hasta Harry Potter el libro que más tenía manoseado era Los tres mosqueteros, seguido de Mujercitas. No me gustó Migues Strogoff, sufrí. Nunca entendí del todo a Verne y las novelas de mayores (sin amor) me encantaban,

El día que conocí las novelas románticas dejé a un lado a los espadachines y los detectives.

Hasta que llegaron Alatriste y el comisario Brunetti. Los héroes de la edad adulta. Con sus fallos de guión y sus historias desgranadas en cada capítulo.

Hace años que viajar dejó de ser sinónimo de un billete y unas maletas.

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El trabajo de mis sueños (I parte)

Creía que lo sabía.

Durante muchos años pensé que era ser médico (y ganar el Nobel). Quería curar a todo el mundo. Pero no pudo ser.

A día de hoy, con una carrera a cuestas y casi doce años trabajando en “nada que ver” con lo que estudié, preguntarme ahora cuál es el trabajo de mis sueños.

Si ya no tengo sueños. Se murieron aquel 4 de septiembre.

Desde entonces vivo mi eterna Matemáticas. No te lo he dicho, no me gustan, nada. Niet.

Pero había que aprobarlas si quería hacer Medicina: Bolzano para arriba, Gauss para abajo, logaritmo por aquí, derivadas por allá. Pues así la vida.

Continuará…

Cicatrices

Tengo una grande, no sé si de 21 puntos (me los autoconté de aquella manera). Atraviesa el pecho y lleva conmigo casi 38 años: Me dice en el espejo que sigo viva.

Pero durante muchos años me daba complejo (sin ser fea), quería evitar las preguntas incómodas del tipo “¿cómo te la has hecho?” de los niños a los “¿qué te pasó?” de los adultos.

Sin embargo, fue una amiga la que me dio la clave de cambiar el enfoque. Era la prueba de que estaba viva: podía no tener cicatriz, podría no estar allí.

Y ya de esto también han pasado unos años-

De la misma operación también tengo de recuerdo una cicatriz en la muñeca, en la ingle y en el tobillo.

En la cara tengo salteados 5-7 puntos, recuerdo de otro incidente.

Y como siempre he sido muy torpe con los tobillos, cada dos x tres me caía y no es que tenga las mejores rodillas del mundo. No son cicatrices pero feas sí, un rato.

Resumiendo, las cicatrices tienen que servir para recordarte que superaste una parte de tu vida. Con éxito.

Estarás menos guapo pero vivo. Así las del alma.

Así todas.

Otro día hablamos del arte de dejar cicatrizar.

Mis diez películas favoritas 

Contando que tengo mala memoria, pondré las que no me canso de ver una y otra vez 

Mulán, de Disney

La bella y la bestia, de Disney

Notting Hill, con Hugh y Julia

Love actually

Serendipity

Indiana Jones 

La guerra de las galaxias 

Frozen, de Disney

Bridget Jones, la primera 

Los caza fantasmas 

Escribe un acróstico con tu nombre 

Fuerte 

Altruista

Tenaz

Inteligente

Mística 

Audaz

Frase inspiradora favorita

Ya estamos como siempre: son muchas, para cada día de la semana, de la estación, si llevo vaqueros o falda. En serio.

Pero al final si me quedo con una (o para empezar) es “un poco más”.

Hay que dar un poco más ( o saber por qué no quieres esforzarte ahí para parar y cambiar de rumbo).

El “un poco más” sirve cuando no se pasan buenos momentos, cuando las cosas no salen ni a la tercera, cuando parece que sólo vienen ostias por todas partes.

Porque si nos metemos en el mundo de la influencia del NO, no abandonar significaría abandonar, puesto que (dicen) que el cerebro no entiende el no (quien tenga niños lo sabrá).

Para llegar a tiempos mejores y disfrutar de los buenos, sólo es poner ese poquito más.

ahm, y si no te quieres tú nadie te va a querer, quiérete mucho! aunque con esta frase todavía estoy en periodo de adaptación =)

 

Aprender de los fracasos

Mucha gente se llena la boca con frases tipo “si te caes 7 veces, levántate 8”, “de los fracasos se aprenden”, “no hay mal que por bien no venga”, y es que reducen todo a una experiencia y por ello se debe buscar un lado instructivo, nos está enseñando algo.

Bien, esto se aprende. Si no tienes el don natural o genético (palabra que está tan de moda) de darle la vuelta a la tortilla y aprender de los fracasos (mínimo no hacerlo igual la próxima vez), debes practicarlo, como si fuera una rutina de gimnasio o la tabla del 5.

5 por 1, 5; 5 por 2, 10, etc

Te la sabes y antes no te la sabías.

Pues aprender de los fracasos también se estudia, se practica hasta que un día sale solo.  Como andar en bici.

Pondré un ejemplo. Mis primeras magdalenas subieron y parecían apetitosas. Cuando le metí un bocado sabían a harina y la mayoría estaban crudas.

Las tuve que tirar (aunque por cabezonería me comí dos que me dieron indisgestión). Y lloré.

La siguiente bandeja ni subieron. Entonces llegué a la conclusión que era una inútil y dejé de hacerlas.

Me pasé a los bizcochos, que me salían un poco mejor (apelmazados, todo hay que decirlo). Pero hacía y hacía. Hasta me regalaron un curso y algo mejoraron.

Realmente no me dieron un secreto infalible ni me vendieron una levadura mágica, sino que me enseñaron a estudiar mi horno y ver qué tiempos y temperatura  necesitaba. Y practicar.

Los bizcochos que hago ahora, dentro del estatus de normalitos, son espectaculares. Hasta me he atrevido (poco) con galletas y he vuelto a hacer magdalenas.

Por tanto, ya sea en casa o en la escuela nos deben enseñar que el fracaso existe, que las cosas no siempre salen bien. Que cuando salen mal no es más que tener otra oportunidad para hacerlo mejor. Y confiar que saldrá mejor.

Pensar que nunca nos podemos equivocar es de soberbios (y de inútiles). Porque en los errores se aprende, se ocurren cosas nuevas, variaciones, surge la chispa.

Mi frase favorita es “si te caes 7 veces, levántate 8”. Y en ese esfuerzo al levantarte, te conviertes en un gigante.

 

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